Técnicas de supervivencia en caso de avalancha.

Fuente: GOER.

¿Cómo se sobrevive una avalancha cuando ya no hay manera de ponerse a salvo?

  • Regla 1. Cuando las masas de nieve empiezan a soltarse, tire enseguida los bastones de esquí. De otra forma le pueden causar graves lesiones cuando llegue el torrente blanco, desde fracturas de huesos hasta lesiones semejantes a las de arma blanca.
  • Regla 2. Trate de mantenerse sobre los esquís o el snowboard, saliendo lateralmente del camino de la avalancha
  • Regla 3. El que haya caído y es arrastrado por la avalancha tiene que tratar de quedarse en la superficie de la misma a toda costa, moviendo los brazos como si estuviera nadando.
  • Regla 4. Cuando la avalancha se ralentiza hay que tapar boca y nariz con las manos, formando un hueco que permita respirar. Una vez sepultado bajo la nieve, ya no habría tiempo para este movimiento, y uno se asfixiaría en la nieve comprimida

Hasta aquí, la teoría. En la práctica, sin embargo, sólo unos pocos logran atenerse a estas reglas de comportamiento. A menudo, la fuerza de la avalancha sencillamente es demasiado grande como para realizar medidas de seguridad controladas.

Lo más importante: mantenerse arriba.
La avalancha sacude a sus víctimas de forma rotativa: durante la caída, a menudo de varios centenares de metros, la persona es lanzada a veces hacia arriba, a veces hacia abajo o dando vueltas. Uno pierde cualquier orientación. Después de la avalancha, las posibilidades de supervivencia dependen esencialmente de dónde se encuentra la persona accidentada: arriba o abajo.

Los equipos de rescate tienen quince minutos.
Estadísticamente, la mayor parte de las víctimas de avalanchas están enterradas debajo de entre 1 y 1,5 metros de nieve. Parece poco, pero es mucho. Pues la nieve de las avalanchas es mucho más comprimida que nieve en polvo. Para sacar a alguien sepultado a tan solo un metro de profundidad hay que mover media tonelada de nieve. Para ello, dos hombres fuertes necesitan unos diez minutos. En el peor de los casos esto puede ser demasiado: la mayoría de los accidentados se asfixia después de quince minutos.

La nieve de las avalanchas es dura como el hormigón.
Terminada la avalancha, la nieve se hunde, aumentando así de peso. Los investigadores comparan la densidad del material con la del hormigón; ya bajo una capa de solamente 30 centímetros, esto significa para los sepultados que prácticamente no pueden mover ni el dedo meñique, con consecuencias dramáticas para la respiración.

Nieve comprimida en boca y nariz.
Durante la caída de la avalancha, la menor parte de las víctimas puede evitar que la nieve se les meta en la boca y la nariz. Cuando termina la avalancha, las vías respiratorias están atascadas. Además, el aliento hace que la nieve que rodea el rostro se convierta en hielo, interrumpiendo el abastecimiento con oxígeno. Y finalmente, con cada minuto la nieve ejerce más presión sobre el tórax y los pulmones. Resulta cada vez más difícil respirar.

Quien vá solo, es más difícil.
La presión también impide que las extremidades reciban sangre: brazos y piernas no tardan en congelarse. Hay que tener mucha suerte para que le saquen a uno de la tumba blanca en tan solo quince minutos. Quien iba sin compañía apenas tiene posibilidades de que lo rescaten. Si ningún testigo ha observado el accidente nadie puede ayudar. Pues las personas enterradas, lógicamente, están invisibles y no pueden gritar.

¿Qué equipo es el mejor?
Para un rescate a tiempo, también se necesita un equipo adecuado. La nieve de la avalancha, dura como el hormigón, no se puede quitar utilizando como pala unos esquís o un snowboard. Para ello se necesita una pala especial de policarbonato, aluminio o carbono que, según opinan muchas asociaciones de alpinistas, debería encontrarse en la mochila de cualquier aventurero de la nieve, además de un emisor llamado ARVA (Aparato de Rescate de Víctimas de Avalanchas) y la sonda de avalancha, un conjunto de tubitos de aluminio ensamblables que sirve para encontrar la posición exacta de una víctima enterrada en la nieve.

Junto a este equipo básico de tres partes que cuesta aproximadamente u$d 250.- dólares, algunas innovaciones técnicas aumentan las posibilidades de supervivencia:

El “Avalanche Ball” (balón de avalancha) se infla con suma rapidez y mientras cae la avalancha, se mantiene en la superficie como brillante boya roja, conectada con el cinturón de la víctima por una cuerda de seguridad de seis metros de largo. Terminada la avalancha, el personal de rescate sólo tiene que tirar de la cuerda para encontrar a la persona sepultada. Precio: unos u$d 300 dólares.

El airbag (ABS) de avalancha se aprovecha de un fenómeno físico: cuando una avalancha cae, los pedazos de nieve se separan: los pequeños van por debajo, los grandes, por arriba. El usuario de una mochila inflable con dos airbags puede aumentar su volumen en 150 litros en dos segundos. Semejante tamaño aumenta la flotabilidad del cuerpo y con ello, la posibilidad de vivir el final de la avalancha estando en la superficie de la misma. Precio: entre u$d 600 y 800 dólares.

Acerca del sistema de respiración Avalung hay una controversia. Se trata de un sistema de mangas con boquilla, que el usuario lleva en el pecho con una correa. En caso de una emergencia ayudaría a respirar el último resto de oxígeno cuando se está sepultado en la nieve. Muchos expertos en rescate dudan de que funcione, porque hay poca probabilidad de que uno tenga la boquilla entre los dientes después de haber sido sacudido por la avalancha y quedarse “congelado“ en masas de nieve duras como el hormigón.

Aparatos de búsqueda existen en muchas variedades (Ej: Recco). Se trata de emisoras con un alcance de unos 40 metros. Quien tenga experiencia en usarlos puede localizar a una persona enterrada en dos o tres minutos. Sin práctica y bajo presión de tiempo, un principiante fracasaría estrepitosamente en caso de una emergencia. El precio: dependiendo del equipo, varios cientos de dólares. Está previsto que los equipos de rescate de montaña de Baviera reciban próximamente aparatos de localización apoyados vía satélite. En simulacros, muñecos enterrados en la nieve fueron encontrados por los equipos de rescate en un tiempo récord.

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