25 años de los Bomberos Voluntarios de Trubia.

Estos días aparecen en la prensa regional menciones a los aniversarios de distintos grupos de rescate y emergencias de nuestra región.

Todo ello tiene sentido porque por aquellas fechas, en Asturias, se sentaban las bases del origen de las futuras instituciones y qué modelo de emergencias se implantaba en la región; que luego, con el tiempo, se iría modificando hasta nuestros días.

De todas aquellas reuniones, apoyos políticos, ideas ciudadanas, hechos relevantes… serían el origen del Grupo de Rescate de Bomberos de Asturias, del Grupo del Perro de Salvamento de Asturias, Bomberos Voluntarios de Trubia, CEISPA

Reproducimos el artículo que aparece publicado hoy en El Comercio sobre los Bomberos Voluntarios de Trubia.

Voluntarios de Aniversario.

Fuente: El Comercio.

En Protección Civil son 63 voluntarios y siete colaboradores ocasionales. Los Bomberos voluntarios de Trubia, ocho. Solo uno de todos ellos lleva más de dos décadas como voluntario: Julio Rodríguez. Fue uno de los fundadores de la agrupación trubieca. Ahora tiene 57 años, pero el día que se remangó la camisa y se enfrentó por primera vez a un fuego solo 32. «Era viernes y había siete u ocho incendios. Uno estaba ya cerca de las casas de Corea y en Trubia no había Bomberos. Nos juntamos unos cuantos» y así empezó todo. Desde el parque ovetense se tardaban entonces «45 minutos» en llegar a Trubia. Ahora el trayecto se hace en un cuarto de hora. Pero su labor allí, en una zona aún industrial, continúa siendo fundamental. Lo reconoce el jefe del servicio, José Manuel Torres, consciente de que si ellos no existieran, el Ayuntamiento tendría que plantear una solución para unos agentes voluntarios que reciben el material de los profesionales cuando a estos últimos se les renueva y con un cuarto cedido en la fábrica de armas con acceso limitado como únicas dependencias. La cita con EL COMERCIO es, por tanto, fuera. Sacan los vehículos y ellos dejan sus trabajos para contar su experiencia como voluntarios. Los bomberos este año cumplen 25 años. Protección Civil celebra 30, aparentemente con un futuro más claro que los de Trubia.

Aunque una agrupación de voluntarios tiene un lustro más que la otra, sus destinos han ido de la mano en muchas ocasiones: en el incendio de la Química del Nalón en 2009 que generó una nube tóxica, en las inundaciones de los últimos años de Trubia, en la búsqueda del joven que se ahogó al intentar ayudar a su amigo en el Nalón en abril del año pasado… Han colaborado con los cuerpos y fuerzas de seguridad en innumerables ocasiones. El Ayuntamiento les reconoció su labor durante la celebración del patrón de los Bomberos el pasado 8 de diciembre. «Por el apoyo y la contribución a la seguridad de la ciudadanía», subrayó de Protección Civil. «Por su apoyo y desinteresada entrega al ciudadano», destacó de los Bomberos voluntarios.

A los primeros es fácil verles por la ciudad. Están en casi todos los acontecimientos públicos. Estos días, por ejemplo, en las procesiones de Semana Santa. La agrupación ha logrado cierta profesionalización en tres décadas superados los años en los que la objeción de conciencia llenaba las listas de voluntarios a quienes, en ocasiones, les faltaba compromiso.

El funcionamiento es bastante sencillo. Los responsables anotan en el tablón de anuncios los servicios que están previstos a lo largo de la semana y los voluntarios que se necesitan para cada uno. Ellos se apuntan a lo que quieren. No hay mucho problema para cubrir el cupo. Hay otro centenar de personas pendientes para poder incorporarse e incluso algunos en prácticas. Reciben formación e imparten cursos en su escuela de emergencias sanitarias, primeros auxilios, atención en ambulancia o señalización. Por sus dependencias en los bajos del campo de fútbol ha pasado «el 80% de la plantilla de Bomberos», explica uno de los responsables Gonzalo Míguez. Los de Trubia van más por libre. Hacen lo que pueden sin ni siquiera un gimnasio donde poder prepararse y sin demasiados visos de relevo cuando este grupo abandone.

Eliazar García tiene 19 años y lleva dos como bombero voluntario. José Antonio Fernández tiene 22 y seis de experiencia en la agrupación. Los demás, mucha más. Ángel Adolfo Fernández, Tito, casi empezó con Julio hace 25 años. La mujer de Tito, Ana Belén, es bombera y también forma parte de la agrupación. Mari Carmen García es mujer de Julio. Aitor Fernández lleva 17 con ellos. Y muchos trabajan juntos en la empresa de distribución de bebidas de su ‘sargento’, Julio. «Lo mejor es que somos ocho amigos que ayudamos a quien lo necesita», agradece Aitor. Es lo que se llevan además de noches sin dormir y mil sustos. Corren riesgos como sus compañeros del cuartel de Rubín, pero con menos medios y formación. Y miran a Julio cuando se les pregunta por el futuro, que calla orgulloso de sus compañeros. Él es el que «sostiene la brigada». Coinciden todos que reconocen que el día que Julio «lo deje» es posible que sea el final de la historia de esta agrupación trubieca.

Ahora son pocos y su actividad es diferente a los años en que no había parques de bomberos en Pravia y Grado. Renfe les cedió casi al principio un espacio. La estación desapareció (ahora hay pisos) y se quedaron sin la sede en la que llegaron a ser 25 voluntarios y tenían ambulancia y perros adiestrados. Era como la base de operaciones, como su cuartel.

«Cuando nosotros (por los Bomberos de Oviedo) estábamos en pañales, se crean los Bomberos voluntarios de Trubia. Complementaban las carencias que teníamos en Oviedo», explica el jefe del servicio, José Manuel Torres. En la capital el cuerpo mejoró y en Trubia «la gente cansó. Andar a las cinco de la mañana y luego ir a trabajar» es duro. «Esto tiene que gustarte porque encima es gratis». Pero ayudan a sus vecinos y se sienten responsables en cierto modo. Los chicos que murieron ahogados en el Nalón eran sus amigos. «Cómo te vas a negar si te lo piden o ves que te necesitan», se pregunta Mari Carmen. «Son necesarios. Si no los tuviéramos quizá también tendríamos que estar aquí con cobertura para garantizar la seguridad en Trubia», reconoce Torres sobre este grupo que ‘hereda’ el material de Oviedo y ha recibido algunos vehículos de Bomberos de Asturias.

Evolución

La agrupación de Protección Civil la fundó un bombero de la capital que falleció en 1987 en un accidente de servicio. Corsino Suárez y otras seis personas, entre ellas la madre de la presentadora Anne Igartiburu, murieron cuando buscaban en un helicóptero a Germán Quintana Blanco, un niño ovetense perdido en los Picos de Europa. Del antiguo Tartiere se mudaron al cuartel de la Policía Local y al parque de servicios de Capitán Almeida. Fueron años, los primeros, de «precariedad» que lograron superar sobre todo en los últimos tiempos. «En cinco años nos propusimos cambiar la dinámica de la agrupación que creíamos anticuada y necesitaba planificación y estabilidad», explica el coordinador. Cuatro personas son funcionarias del Ayuntamiento y el resto, hasta 63, voluntarios. Sus equipamientos son los de un cuerpo profesionalizado. El año pasado realizaron 522 servicios que sumaron 16.628 horas. La mayoría de tipo sanitario: «Curas y muchos traslados de accidentados en ambulancia al hospital», detalla Míguez. Colaboran en todo lo que pueden, desde actos previstos (para el Ayuntamiento, en otros concejos o entidades deportivas) a imprevistos, como las últimas nevadas. Han organizado también retenes nocturnos en invierno en los que llevan un poco de charla, termos con café y mantas a los indigentes.

Emma Fernando, Lucía García, Cristina Montes, Javier Urdangaray, Carlos San Jorge, Alfonso Fernández y Marcos Álvarez están satisfechos de su trabajo como voluntarios. Lucía es la más joven. Tiene 18 años y lleva desde junio del año pasado en Protección Civil. Estudio Auxiliar de Enfermería y con sus compañeros aprende y ayuda. El más veterano es Alfonso con casi ocho en la agrupación. Prejubilado de la Minería, tiene 55 años, se trasladó desde Tineo a Oviedo, tenía tiempo libre y decidió invertirlo en ayudar a los demás. Javier era vendedor de la ONCE, pero su minusvalía del 57% (por acortamiento de una pierna) no le impide formar parte de Protección Civil desde hace seis años. A sus 44 no olvidará el día del accidente de los chicos en el Nalón. Marcos lleva cinco años y a sus 23 está el logro de que tres chicos a los que les cayó un rayo en la fiesta del Alba sobrevivieran en una zona difícil y con escasos recursos a «45 minutos de la UVI móvil». Guardan muchos recuerdos. Ellos y los voluntarios de Trubia. Dos agrupaciones, muchos ovetenses, que quieren dar lo mejor de sí a los demás.

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