Un poco de historia Bomberos de Nueva York.

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Los camiones de bomberos americanos En el día en el que se cumplen 11 años del 11S, AUTOBILD.ES rinde homenaje a los camiones de bomberos americanos. Los medios de transporte de los bomberos de EEUU no siempre fueron tan espectaculares como en la actualidad, sino carros arrastrados por caballos. images

 

Acompáñanos en esta visita por su museo de Nueva York. Hace ya algunos veranos, mientras caminaba absorto por la majestuosidad de sus rascacielos por una de las populosas avenidas de la isla de Manhattan, un tremendo estruendo me devolvió a la realidad. El ulular de una potente sirena, de esas que te erizan el vello y penetran en el cuerpo hasta el mismísimo tuétano, avisaba de que un obús en forma de camión de bomberos se acercaba a todo meter hasta un punto cercano a donde me encontraba. Mientras el coche de bomberos se abría paso por entre el infernal tráfico neoyorquino, intenté por un momento imaginarme cómo debió ser la arriesgada y muchas veces poco valorada labor de los heroicos bomberos durante los trágicos atentados del 11 de septiembre de 2001.

 

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Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Antes de viajar a Nueva York había leído que en 1835 un espantoso incendio, conocido como el Great Fire (“El gran fuego”), arrasó 674 edificios del sur de Manhattan, muy cerca de donde se encontraba el World Trade Centre. Aquello también debió ser dantesco. Muchos de los incendios que se declaran hoy en día en Nueva York no llegan a más, afortunadamente, por la rápida respuesta del sistema de alarmas y sus potentes camiones. Pero no siempre fue así. Se tiene constancia de que las primeras ordenanzas antiincendios son de 1648 y la primera brigada de bomberos data de 1658, cuando Nueva York todavía era Nueva Ámsterdam, aún colonia holandesa. Existían unas patrullas llamadas The Prowlers (“Los rondadores”) o Rattle Watch (“Vigilantes con carracas”), voluntarios que rondaban las calles por la noche y, en el caso de detectar un fuego, alarmaban con sus carracas a los residentes para que cogieran sus cubos (todo el mundo debía tener dos en sus viviendas) y los llenaran de agua para apagarlo. En 1731, Nueva York ya contaba con dos carros antiincendios de madera -el antecedente de los futuros camiones de bomberos- y dotados de una bomba de accionamiento manual. Como por aquel entonces no había mangueras de succión, había que llenar el depósito con cubos. Por otro lado, ya se había creado un cuerpo de voluntarios, que en 1798 se convirtió en el Departamento de Bomberos de Nueva York. Carreras de bomberos Lo cierto es que hubiera pagado por volver unas horas a esa época. Y es que al mismo tiempo que iba creciendo la ciudad, se multiplicaban los cuerpos de voluntarios. La reputación de una brigada dependía de la resistencia que demostraran al sofocar un incendio y, sobre todo, la rapidez con que llegaran al foco del fuego. Tanto que a un mismo incendio acudían al mismo tiempo varias brigadas, y aquello se convirtió en una auténtica carrera por llegar primero. Un espectáculo –como no podía ser de otra manera en el país en el que todo es un show– que atraía a muchos espectadores que se agolpaban en las calles por ver pasar estas veloces carrozas y también provocó no pocas peleas entre brigadas rivales. Aquellas absurdas carreras se acabaron a mediados del siglo XIX, cuando se profesionalizó el cuerpo de bomberos, al que además se le dotó de una estructura militarizada, para lograr mayor disciplina y orden.

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Y al mismo tiempo que se modernizaba el cuerpo, ya en el siglo XX se hizo lo propio con las bombas –con motores de vapor y luego de gasolina– y las mangueras y, sobre todo, con los medios de locomoción de los bomberos, abandonando paulatinamente los carros para ser sustituidos por vehículos mecanizados.

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Los vestigios históricos del cuerpo de bomberos están reunidos en un antiguo cuartel en el Village. Allí, además de poder contemplar la evolución que han experimentado los uniformes de faena de los bomberos, descubrir cómo eran los cubos con los que se sofocaban los incendios y una bonita colección de cascos de bomberos, hay una interesante muestra de vehículos antiincendios, desde los más antiguos hasta los que funcionaron a principios del siglo XX. De entre todas las joyas rodantes allí reunidas destacan el Steinway Hose nº 7 y el Astoria nº 8, dos carros que otrora compitieron por llegar antes a los incendios que se producían en Queens. Otro vehículo que conservan con gran orgullo en el Museo de los Bomberos de Nueva York es el tractor Van Blerk, de 1910, que contaba con una bomba impulsada por vapor procedente de combustión de carbón. También llama poderosamente la atención el American LaFrance, de 1921, un vehículo con una agitada historia tras haber sido rescatado de un granero por un grupo de entusiastas bomberos, quienes lo restauraron con mucho cariño. Los primeros en llegar Una de las estancias más emocionantes del Museo de Bomberos de Nueva York no es la que aloja las joyas rodantes que puedes ver en estas páginas, sino la dedicada a los centenares de bomberos caídos durante los atentados del 11 de septiembre de 2001. Cuando los terroristas islamistas estrellaron el primer avión contra una de las torres del World Trade Centre, los bomberos, como siempre, fueron los más rápidos en llegar. Sin menospreciar a nuestros cuerpos de bomberos, se dice que los estadounidenses son de los más heroicos, y el 11-S lo demostraron con creces, porque fallecieron más de 300. En el museo de Nueva York han rendido a los caídos un sentido homenaje, con imágenes impactantes de aquella luctuosa jornada. Incluso han erigido una cruz con restos del atentado. NEW YORK CITY FIRE MUSEUM El American LaFrance Type 75 de 1921 tuvo una azarosa historia tras dejar de utilizarse. Un grupo de bomberos lo rescató y restauró Dirección: 278 Spring Street (entre las calles Hudson & Varick) Nueva York, NY 10013 Más información: Web http://www.nycfiremuseum.org Horario : De martes a sábado de 10.00-17.00 h; domingos, de 10.00-16.00 h Cerrado lunes y festivos nacionales Precio: la voluntad (5 dólares)

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Por: Gabriel Jiménez. Mar, 11/09/2012

 

Fuente:    autobild.es

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